Pina y los esclavos chinos en Cuba
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Un tipo se afeita meticulosamente en un charco al borde de una carretera, una mujer disfrazada de conejita de Playboy corre jadeando por un campo recién arado, un niño vestido con ropa de mujer camina lentamente por un pasillo, una atractiva joven en traje de baño arrastra una cabra, un hombre ceremonioso pone la mesa bajo un aguacero torrencial; otro, con alas, corretea desnudo por la nieve en la que momentos antes estaba acostado, una chica se sienta impasible en medio del tráfico de una calle muy transitada, un señor elegante avanza con dificultad por un jardín cargando un armario a espaldas... En Die Klage der Kaiserin (El lamento de la emperatriz), la única película como directora de Pina Bausch, la coreógrafa entreteje escenas aparentemente inconexas, unidas por corrientes subterráneas (el sexo, la memoria, la crueldad, los extraños hábitos del ser humano) en las que reconocemos algo de nosotros mismos y nos dejan eufóricos y hechos pedazos.
Cuba, corte de Caña, 1910, de autor desconocido
Getty ImagesDesde la primera vez que la vi me han obsesionado unos versos que leí en la contraportada del DVD (“No me sorprende que la gente muera delante de la tienda de su ser querido/Lo que me sorprende es que amemos y sigamos vivos”) y un temazo de la banda sonora que es un puro temblor: Aurora en Pekín, del Sexteto Boloña, formación cubana liderada por un gigante de la música de apenas un metro de altura que en los años veinte puso patas arriba los elegantes salones de baile con el son, hasta entonces considerado de baja calaña.
Aurora en Pekín se grabó en 1926 en Nueva York y es una gozosa combinación de lamento nostálgico y contagiosa sabrosura cubana. El problema viene cuando tratas de entender qué demonios dice la letra, apenas inteligible en la voz de Abelardo Barroso. Existen lustrosas versiones instrumentales, como la de Marc Ribot y Los Cubanos Postizos, y en internet se pueden encontrar transcripciones más o menos delirantes y nunca coincidentes. ¿Canta “borrar tu semblante” o “borracho el semblante”? Lo único claro es que al cantante le duele que su chica esté en Pekín y quiere ir a buscarla en tranvía. ¿En tranvía?
Lee también ‘Aurora en Pekín’, del Sexteto Boloña, es un temazo sabroso y delirante, un puro temblorMe acordé de Aurora en la exposición del Museu Marítim sobre la participación catalana en el tráfico de esclavos. Así como de pasada se menciona a los chinos con los que los colonos españoles reemplazaron la mano de obra de los esclavos africanos cuando la prohibición de la trata les aguó la fiesta. Entre 1848 y 1874 llegaron engañados a la isla 150.000 chinos. Les pagaban el pasaje a cambio de ocho años de trabajo y los sometían a miserables condiciones de vida, con el agravante de que todos eran hombres. Lograron liberarse en 1877 y crearon el mayor Chinatown de América Latina, en el que seguramente había un bar Pekín donde actuaba una mulata llamada Aurora.
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