El decepcionante crecimiento económico
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Según la información revisada del INEGI, durante 2024, el PIB de México aumentó 1.5 por ciento. Este dinamismo es decepcionante no sólo porque resulta inferior al, de por sí, bajo crecimiento anual promedio del último cuarto de siglo (1.8 por ciento), sino, en especial, porque escasamente compensa el débil desempeño reciente de la economía mexicana.
Después de un estancamiento durante 2019-2022, la actividad económica creció en los dos años siguientes. Sin embargo, en 2024 ésta se ubicó sólo 5 por ciento por arriba de la registrada en 2018, lo cual implicó una contracción del ingreso por habitante durante ese sexenio.
Además, durante 2024, el crecimiento del PIB fue inferior, en 1.8 puntos porcentuales, al de 2023, como lo fue también, en diferente grado, el de cada uno de los tres sectores de actividad.
La principal “contribución” a la desaceleración del crecimiento del PIB en 2024 provino de las actividades secundarias y, dentro de éstas, de la construcción.
Durante 2023, la construcción mostró un dinamismo considerable, como resultado primordialmente de la edificación de obras públicas, relacionadas con los proyectos mascota de la administración pasada. La construcción privada registró un incremento menor, probablemente como resultado, en parte, del entusiasmo sobre las expectativas del nearshoring.
En contraste, en 2024, se desplomó el nivel de la construcción del sector público y se mantuvo relativamente estable la del sector privado. Así, el crecimiento anual de la construcción fue positivo, pero menor, en casi 13 puntos porcentuales, al de 2023.
Las industrias manufactureras redujeron su expansión anual en un punto porcentual, al situarse en 0.3 por ciento en 2024. La ralentización del dinamismo manufacturero parece reflejar, en gran medida, la correlación de estas actividades con sus similares en Estados Unidos.
El resto de la desaceleración económica del PIB en 2024 provino, casi en su totalidad, de las actividades terciarias, en especial, del comercio. La desaceleración de este sector podría estar influida por el menor dinamismo industrial, y ser congruente con la desaceleración del consumo privado y la inversión.
La descripción del desempeño económico reciente sugiere, al menos, tres consideraciones. La primera consiste en el limitado impacto de la política fiscal. El apogeo de la inversión pública en construcción durante 2023 representó un “choque” transitorio a la actividad económica, sin secuelas positivas claras en 2024. Adicionalmente, el extraordinario aumento del déficit público durante este último año no parece haber beneficiado gran cosa a la economía, cuyo dinamismo se redujo. Estas anotaciones podrían estar confirmando el carácter improductivo del gasto gubernamental y la insostenibilidad del aumento de la deuda púbica.
La segunda consideración reside en el escaso efecto del nearshoring en el PIB. Aunque es posible que las expectativas de relocalización de procesos productivos de China a México hayan ejercido algún impulso, difícilmente éste ha sido extraordinario. Por ejemplo, durante el bienio reciente caracterizado por crecimiento, la construcción privada se mantuvo por debajo de los niveles previos a la pandemia, y la producción manufacturera no exhibió repunte considerable alguno.
Gran parte de los datos comúnmente argüidos como evidencia del nearshoring ha sido anecdótica y se ha sustentado, mayormente, en la repetición de comentaristas sobre la oportunidad que representa este fenómeno. Por desgracia, no puede descartarse que el nearshoring haya sido una moda pasajera.
La tercera reflexión gira en torno a la profundización del modelo económico iniciado en la administración anterior, el cual ha descuidado las funciones básicas del Estado, como la seguridad pública y la administración objetiva de la justicia, a favor de crecientes transferencias monetarias a distintos grupos de interés.
Las reformas constitucionales aprobadas en 2024, que buscaron desaparecer el Poder Judicial como contrapeso de los otros Poderes y extinguieron siete órganos autónomos, han debilitado, entre otros, el Estado de derecho, la rendición de cuentas y la promoción de la competencia. Estos cambios podrían contribuir a explicar la desaceleración económica de 2024, pero, sobre todo, limitan sustancialmente las posibilidades de crecimiento de largo plazo de la economía.
Esta última observación pone de relieve que los principales problemas del desarrollo económico del país seguirán siendo internos. Las amenazas arancelarias del presidente Trump pueden aumentar la incertidumbre, pero no deberían distraer la atención de la trascendencia de las políticas equivocadas de la administración de México.
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